martes, 19 de agosto de 2008

¿Para qué estudiamos?

Hoy es uno de esos días en los que me ha tocado comerme unas 3-4 horitas de biblioteca, que para tener solo una para septiembre (No Presentado, para más inri) están más que bien.

Ayer, hoy, mañana ... pasamos horas y horas engullendo infinidad de cosas, almacenamos un montón de información sin pararnos a pensar por qué y para qué.

¿Nunca os habéis parado a pensar mientras estudiabais una asignatura (ya fuera la típica asignatura que-sobras de la ESO u cualquiera de la carrera, lo mismo da): Para que cojones estoy yo aquí, perdiendo mi valioso tiempo, malgastando mis neuronas y mis depósitos de glucosa ... para meterme en la cabeza esa información inútil e irrelevante que se me olvidará dos días después y que no me aportará nada en la vida?

Juraría por Eru, que todos, absolutamente todos, lo hemos pensado más de una vez.

Y hoy ha sido uno de esos días en los que he vuelto a replantearme la validez (dudosa [?]) del actual Plan de Estudios de Medicina.

Me toca prepararme para septiembre una -interesante, fascinante, sorprendente- asignatura llamada Epidemiología General y Demografía Sanitaria, a la cual no me presente en junio por asuntos de escasez de tiempo, vagancia, y por que no, musicales.En mitad de agosto, cuando ya empiezas a notar que el verano va llegando a su fin, cuando más deseas disfrutar al máximo esos días de libertad del año que te quedan ... te encuentras, cara a cara con el plomazo de "Epi", y es cuando, cagándote en ti misma, piensas que deberías de haberte presentado en su día. Pero no. En su día tampoco hubiera sido posible, porque de aquella estabas ocupada con otras cosas más importantes que parámetros -estadísticos-, tasas, encuestas de población, o Tests de Screening. Así que te toca empezar a tragar.

Bajas a la biblioteca, abres los apuntes por la primera página ( no sin antes perder 10 minutos ordenando estratégicamente los 4 rotuladores de diferentes colores, el boli, el lápiz, la goma ...) y empiezas a leer, creyendo que de verdad vas a encontrar algo interesante.

Una página, dos, tres ... acabas el tema, y tan contento te paras a pensar en lo que acabas de leer, y de pronto te alarmas: ¿de que coño iba todo eso?. Asustado, vuelves a releer el tema, parándote a pensar con sumo detenimiento el sentido (jeroglífico) de toda esa interesante información que los profesores, con -cariño-, intentaron meterte en tu inocente cabecita.

Releido el tema, ya te has enterado de que va. Entonces es cuando empiezas a buscarle el sentido práctico a esa información. No lo encuentras, pero albergas la esperanza, de que, más adelante, en todo el taco de folios que te espera, aparezca, ¡por fín¡ la anhelada recompensa (al menos) al esfuerzo que estás haciendo por -descrifrar- los apuntes.

¿Recompensa? Hombre, si tienes que tragarte 200 folios por la cara dura del catedrático, al menos que te sirvan para algo en la vida.

Pues no. Estudias, tragas, comprimes, memorizas al estilo -repetición sin sentido-, llegas al examen, sueltas toda tu asombrosa sabiduría, sacas un 3, un 6, o un 8, y a los 3 días no te acuerdas de absolutamente nada. ¿Realmente somos nosotros, que inconscientemente ordenamos a nuestro cerebro eliminar información -innecesaria- del disco duro? Pues no lo sé.

El caso es que, nos pasamos muchísimos años de nuestra vida estudiando, metiéndonos cosas sin utilidad práctica en la cabeza, consumiendo los depósitos de glucosa en sangre, perdiendo el valioso tiempo ... ¿para qué? Bueno si, para obtener un título por el cual certifiquemos al mundo que valemos para algo (supuestamente, claro).

Y ahora, sin más dilaciones ...

¡No voy a ponerme a estudiar Epi ahora! ... Jajaja !



[Edit]: Quería haber actualizado directamente con este texto aquí, pero por un fallo técnico, lo subí a http://yavannaw.blogspot.com/, así que está repetido.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Eso mismo me pregunto yo